Anoche empecé a escribir sin parar. Recordaba las cosas que había vivido contigo en estos escasos seis meses. Todo lo que me hiciste sentir. Las veces que tonteábamos sin llegar a nada. Lo que pensé nada más conocerte, el primer beso, las caricias, el día de después, la negación, el saber que no estaba bien, tus dedos, las conversaciones para aclarar la situación, mis miedos y tu frase, los lugares, mis limitaciones, las voces cercanas, mi cara sonrosada y tus manos en mi cabeza, el abrazo, los espejos, mi carita de tonta, tus historias, las escaleras, los miércoles, el lunes casi perfecto y el último jueves, el simulacro hecho realidad, las veces que parábamos y volvíamos a comenzar; tu boca y la mía, los días sin verte, mi casa y mi cama, las marcas, los moretones, darme cuenta de que sólo nos movía una cosa, los mensajes que no debí enviarte jamás, la vez que nunca fuimos a comer, nuestra complicidad, las burradas, mis sueños contigo, el día que te dije lo que sentía, mis paranoias, y tu sonrisa. Me acuerdo mucho de tu sonrisa…